La ciencia salió del aula para encontrarse con el territorio. En Ibarra, la edición 41 de La Chela Científica abrió un diálogo sobre los geoparques y cómo la investigación, la gestión pública, el turismo y las comunidades pueden contribuir a reconocer y preservar el patrimonio de un lugar, mientras generan oportunidades para su desarrollo sostenible.
El encuentro, realizado el 16 de septiembre en el bar restaurante Pepito, tuvo como tema central “Memoria de la Tierra: descubriendo nuestros geoparques”. La jornada formó parte de ESPOL Divulga, iniciativa institucional impulsada por el Vicerrectorado de Investigación, Desarrollo e Innovación de la ESPOL, y se desarrolló en el marco del II Encuentro de NEXO Divulga Ecuador, una red de universidades e institutos de educación superior que promueven la divulgación científica.
En este contexto, la Chela Científica empezó con la bienvenida a cargo de Manuel Caetano, vicerrector de Investigación, Innovación y Vinculación de la Universidad Yachay Tech; y de Roberto Vallejo, director de Vinculación de la Sociedad de Yachay Tech. La articulación entre la ESPOL y Yachay Tech se dio a través del Decanato de Vinculación de la ESPOL.
La conversación fue moderada por Sofía Cabrera, coordinadora de ESPOL Divulga, y reunió a los panelistas:
- Fernando Morante, director del Centro de Investigación y Proyectos Aplicados a las Ciencias de la Tierra (CIPAT) de ESPOL.
- Raisa Torres-Ramírez, profesora e investigadora de la Universidad Yachay Tech.
- José Boada, coordinador del Comité de Gestión de Imbabura Geoparque Mundial UNESCO.
- Dayana Cachimuel, líder de la Asociación Siray.
COMPRENDER EL TERRITORIO DESDE SU HISTORIA
Uno de los primeros temas abordados fue qué es un geoparque y qué elementos hacen que un territorio pueda ser reconocido bajo esta figura. Raisa Torres-Ramírez explicó que el concepto tiene sus orígenes en Lesbos, Grecia, y que comprende territorios con características geológicas de relevancia, donde existe una relación entre el ser humano y su entorno y se promueve el desarrollo sostenible.
Esta mirada permite ampliar la comprensión del patrimonio. Para Dayana Cachimuel, hablar de un territorio como Imbabura implica también reconocer la diversidad cultural y las historias que se construyen alrededor de él. “En Otavalo nuestras tradiciones, las historias que hay detrás, incluyen diversos elementos. Hoy a los geoparques los reconocemos también a través de las historias que hay en las tradiciones y en vivir las experiencias para valorarlas”, señaló.
Imbabura fue declarada Geoparque Mundial de la UNESCO el 17 de abril de 2019, después de un proceso de caracterización, documentación, difusión y evaluación. Para José Boada, esta declaratoria permite comprender el territorio más allá de sus límites políticos y reconocer el vínculo entre patrimonio, identidad, turismo y conservación.
“El valor del geoparque es entender, sentarnos a identificar que el territorio no es solo una delimitación política (…) comprender cómo esta declaratoria que nos pone en un estándar diferente al resto, yo la puedo aplicar en mi territorio”, explicó Boada. Añadió que, desde el sector turístico, esta valoración implica también asumir la responsabilidad de conservar aquello que se visita.

LA ACADEMIA Y LAS COMUNIDADES FRENTE A LOS DESAFÍOS DEL TERRITORIO
El diálogo también permitió abordar el papel que puede desempeñar la academia en la conservación y gestión de estos territorios. Fernando Morante, director de CIPAT-ESPOL, explicó que los proyectos de vinculación constituyen una de las vías mediante las cuales la universidad se acerca a las comunidades para conocer tanto sus necesidades como los recursos con los que cuentan.
Como ejemplo, presentó un proyecto desarrollado junto a comunidades de Santa Elena y posteriormente presentado ante la UNESCO como Sitio Demostrativo de Ecohidrología. En esta iniciativa se construyó, junto con la comunidad, un dique técnico artesanal como respuesta a la falta de agua.
El proyecto permitió que una comunidad que disponía de agua durante tres o cuatro meses al año pudiera contar con este recurso durante todo el año. “Nosotros vamos primero a hablar con ellos y ver cuáles son sus necesidades, y después hacemos mesas técnicas de trabajo y damos soluciones”, explicó Morante, quien también resaltó la importancia de dar continuidad a los procesos una vez que culminan los proyectos.
UN PATRIMIONIO QUE PUEDE GENERAR NUEVAS OPORTUNIDADES
Las reflexiones de los panelistas confluyeron en una idea: los geoparques permiten mirar el territorio desde una perspectiva que integra sus características geológicas con su cultura, gastronomía y biodiversidad. En el caso de Ecuador, destacaron que el país cuenta con cuatro regiones geológicas y geomorfológicas excepcionales y que existe potencial para impulsar nuevas declaratorias de Geoparques Mundiales.
Para avanzar en esta dirección, señalaron, es necesario articular los esfuerzos de distintos actores. La academia, las comunidades, las instituciones públicas y otros sectores pueden contribuir desde sus capacidades a investigar, conservar, divulgar y generar oportunidades alrededor del patrimonio de los territorios.