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Presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil: “Puedo decir que mis bases me las dio la ESPOL”

Presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil: “Puedo decir que mis bases me las dio la ESPOL”

Economista graduado de la ESPOL. A sus 41 años de edad, Miguel Ángel González tiene a su cargo uno de los retos más desafiantes de su trayectoria profesional: estar al frente del gremio empresarial más antiguo del país, la Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG).

Hace pocos días fue posesionado como el presidente número 54 de la CCG. Posee amplia experiencia en el sector industrial, la docencia y la consultoría empresarial.

Amante de la lectura y de los deportes como el fútbol, las artes marciales y el ping pong.  Disfruta andar en bicicleta por los senderos de nuestro campus, acompañado de su hijo mayor que tiene siete años.

Miguel Ángel comparte con nosotros qué significa para él ser politécnico y cómo su Alma Mater ha sentado las bases de su formación para asumir este importante reto.

¿Cuál es el mayor desafío que tiene a cargo como nuevo presidente de la CCG?
La Cámara de Comercio de Guayaquil es el gremio más antiguo del país, la segunda cámara a nivel de toda Sudamérica, ícono y referente de la ciudad. Me llena de orgullo y me siento entusiasmado de representar a los comerciantes porque estoy continuando con un legado de muchos años. Los presidentes anteriores han dejado un estándar muy alto, he acompañado a la administración saliente y vamos a trabajar en muchos aspectos para que los comerciantes puedan encontrar cada vez mayor valor agregado en ser parte de la Cámara, para ayudarlos a crecer. El crecimiento es el foco de nuestro periodo

Vamos a empujar los cambios que se requieran para que el país crezca.

¿Cuál debe ser, para usted, el rol de la Academia en el desarrollo del país?
La Academia es clave, fundamental. Cambiar un país implica educación y preparación.  La Cámara debe trabajar muy de la mano con la Academia. Uno de los ejes de acción de nuestro periodo es promover ideas; ideas de libertad y desarrollo. Si queremos ser un país de primer mundo, debemos tener una mentalidad y formación de primer mundo, y aquí lo podemos hacer muy bien.

Tenemos que poner en la mente de las personas las ideas correctas de desarrollo, no solamente desde un punto de vista económico, sino también desde el aspecto social, para poder salir adelante. En el país existen falacias que confunden a la gente y el rol de la Academia es fundamental para que el país avance y se desarrolle. 

¿Cómo considera que la ESPOL influyó positivamente en su formación académica y a nivel personal?
Mi paso por la ESPOL fue muy positivo. Desde que estuve en el colegio, en los dos últimos años, al pensar en dónde iba a estudiar sabía que debía ser en la ESPOL porque siempre me han gustado las metas altas, los desafíos y retos

Quería ingresar a la ESPOL porque siempre ha tenido un posicionamiento muy importante en el país. Con tres compañeros del colegio fuimos a hacer el preuniversitario y fue una bonita experiencia. 

¿Qué es lo que más valora de su época universitaria?, ¿alguna anécdota que recuerde gratamente?
Para mí la palabra clave es “Exigencia”.  En general tengo bonitos recuerdos de profesores que, así como nos hacían esforzar, buscaban acompañar al estudiante para que realmente aprenda.  Tengo muy buenos recuerdos también de los trabajos en grupo, cuando nos reuníamos a estudiar. Soy amante del café y eso se lo debo a la ESPOL (comenta entre risas), con amigos nos reuníamos y estudiábamos hasta altas horas de la noche cuando nos preparábamos para los exámenes.  Tuve excelentes compañeros a quienes les tengo mucho afecto y profesores que amaban lo que hacían

¿La ESPOL fue un factor determinante para alcanzar logros importantes?
En la formación de ESPOL se hacía mucho énfasis en analizar las cosas, cuantificarlas, en que uno entienda bien una situación para poder proponer una solución. Eso siempre me ha ayudado en todos los trabajos. La capacidad de análisis, hablar con sustento, con cifras en mano, eso en el mundo empresarial es muy importante. En ese sentido me siento como pez en el agua porque siempre lo tuve presente desde mi época universitaria. 

Por ejemplo, las Matemáticas no se veían por encima, sino que íbamos a los temas profundos. En ese momento quizás nos preguntábamos cómo nos iba a servir, pero todo eso ayuda a desarrollar la capacidad de análisis. Tengo presente la frase de Steve Jobs cuando hablaba sobre conectar puntos y que eso que aprendiste en algún momento, te va a servir. Puedo decir que mis bases me las dio la ESPOL.

Como un profesional destacado en su área, ¿qué enseñanza de su vida politécnica lleva consigo o pone en práctica todos los días?
Más que una enseñanza es un entrenamiento, una habilidad. Lo que uno aprende en la vida es que ciertas cosas se te pueden olvidar, pero lo importante está en la capacidad analítica, de adaptarse rápido. Y eso es muy propio de la vida empresarial y de la vida en general, donde tienes que salir de la zona de confort y decirte a ti mismo “tengo que aprender esto porque me va a servir”.

¿Si tuviera que definir el “ADN” de un politécnico, cuál sería?
La capacidad analítica, que entiende muy bien las cosas. Que no se guía superficialmente, sino que busca entender bien los problemas para encontrar una solución. Yo diría que un politécnico es analítico, numérico y a la vez muy abierto

En la vida a veces nos enfrentamos a situaciones que preferiríamos que las resuelva otra persona, pero nos toca a nosotros hacerlo y esa capacidad de adaptación y de dar un giro es lo que nos permite tomar decisiones. 

¿Para usted, qué atributo ha hecho de la ESPOL un referente de educación superior en el país y a nivel internacional?
La calidad académica y la buena administración. Los rectores sucesivamente han sido y son personas muy preparadas y con visión, a quienes les gusta hacer bien las cosas.  Como parte de su evolución, la ESPOL fue innovando hacia un perfil más humanístico que, acompañado de lo técnico, es lo que el sector empresarial necesita. Yo fui una de las primeras promociones con ese nuevo perfil y sé que han seguido evolucionando de forma positiva.

¿Cuál es ese perfil de profesionales que, desde su experiencia, necesita el país para aportar con grandes ideas, proyectos y abrirnos al mundo?
El tema del emprendimiento es clave. Si quiero ser empresario debo tener espíritu emprendedor para crear nuevas cosas, innovar, ver qué más le puedo ofrecer a las personas para agregar valor y que compren mi servicio o producto.  Al interior de las empresas también se habla mucho del intrapreneurship que es ese espíritu de iniciativa, proactividad y de pensar en qué más puedo mejorar lo que estoy haciendo. No hay que quedarnos en el “quisiera”, sino también ejecutar. Vivimos de realidades, no solo de sueños. Éstos deben ir acompañados de la ejecución.

Algo muy importante es también la integridad al momento de actuar, un profesional responsable que incluso cuando no lo ven, hace lo correcto. Que actúa como piensa y que genera la confianza de que hace las cosas bien y no a medias. Ese compromiso con la calidad es fundamental en cualquier profesional.

¿Qué consejo les da a los estudiantes universitarios que hoy se están formando para liderar, transformar el mundo y enfrentarse a nuevos desafíos?
Que aprovechen el tiempo para aprender al máximo porque quizás nunca más van a tener una etapa como esta donde puedan dedicar muchas horas a formarse y a prepararse, sentando las bases para el futuro. Les diría que eso que no se estudió bien, a lo que quizás no le están poniendo mucha atención, les puede pasar factura en algún momento y van a tener que volver a revisarlo. Les aconsejaría que no se queden con dudas, que no terminen una clase sin sentir que aprendieron o que entendieron bien el tema, pues todo va a servir para desarrollar su capacidad intelectual. 

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