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Padres con corazón politécnico

Padres con corazón politécnico

Un padre guía, acompaña y enseña. Sus palabras incluso pueden quedar grabadas en la mente y en el corazón de sus hijos aunque pasen los años. Hoy, en este Día del Padre, desde ESPOL queremos recordar aquello que papá marcó en la vida de varios politécnicos.

 

Enrique Bayot, padre de Bonny Bayot Arroyo

Enrique Bayot Aráuz (+) fue uno de los primeros 51 estudiantes que ingresaron a la ESPOL, en 1959. Su hija, Bonny Bayot Arroyo, profesora de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar e investigadora del Centro Nacional de Acuicultura e Investigaciones Marinas (Cenaim), lo recuerda como un hombre serio, dedicado a la cátedra y al trabajo. Cualidades que demostró también como profesor del Instituto de Matemáticas o como encargado de la oficina de ingreso a la Politécnica del Litoral. 

Bonny rescata de su infancia una casona de madera cercana al mar, en la comuna de San José de Olón, construida por Enrique Bayot para sus hijos. Un sitio ideal para las vacaciones, en un ambiente que tuvo mucha influencia en la elección de su profesión como oceanógrafa. Recuerda también que los exalumnos de su padre destacan su excelente memoria, pues era capaz al segundo día de clases, de llamar a sus alumnos a la pizarra por sus respectivos nombres. “Era una persona trabajadora y con un gran sentido de superación”.  Como el mayor aprendizaje que Enrique dejó en ella, destaca la responsabilidad y capacidad de trabajo; así como que todo se consigue trabajando. Hoy descubre en ella valores heredados de su padre como la honestidad.

 

Joffre Vargas, padre de Shirley Vargas Mendoza

Para hablar de Joffre Vargas Zambrano, a su hija Shirley Vargas Mendoza le faltan palabras. Tiene claro que es un ejemplo a seguir, reflejado en el sacrificio diario que hace por la familia, en su capacidad de escuchar sin juzgar, de enfrentar las adversidades, o en que ha llegado a ser considerado mejor amigo por sus hijos. Joffre ocupa el puesto de auxiliar de servicios en la ESPOL y ha visto a su hija estudiar y superarse para ser hoy en día analista de presupuesto en la misma institución.

Como el mayor aprendizaje que Joffre le ha inculcado, Shirley destaca el de ser una persona honesta, auténtica, tenaz y solidaria; así como el aprender a diario de cada cosa, de lo bueno y de lo malo. Hoy, como adulta, ve reflejada en ella los valores y la actitud positiva de su padre, esa que permite dar la mejor cara así se estén atravesando momentos difíciles.  “Todo se resume en una cuestión de actitud y eso él me lo enseñó”, recalca.

 

Modesto Paredes, padre de Cecilia Paredes Verduga

De los momentos que más atesora junto a su padre, la rectora de la ESPOL, Cecilia Paredes Verduga, indica que vienen a su mente los domingos en familia cuando él hacía de ese día algo memorable; al sentarse juntos a la mesa o pasear de su mano por el centro de la ciudad. “Tengo muchos recuerdos de niña con él, era bien cariñoso y siempre tenía un espacio especial para nosotros”, comenta mientras se iluminan sus ojos y recuerda la alegría, optimismo y generosidad que él proyectaba hacia cada persona que conocía.

Con su padre, Modesto Paredes, quien también se graduó en la politécnica, la rectora compartió su pasión por el mundo de la Ingeniería Mecánica. Cuando ella decidió estudiar la carrera en la ESPOL, su papá la invitó a trabajar con él para ayudarla a descubrir su vocación y ver si “pasaba la prueba”.  Y así fue. “De ahí en más mi papá me apoyó absolutamente”, afirma de quien le inculcó el prepararse académicamente, ser perseverante, responsable y hacer todo con alegría. Aunque hoy ya no está físicamente a su lado, ella siente que estará presente por siempre en su corazón y en cada enseñanza que ahora ella, con el mismo amor, transmite a sus dos hijos.

 

Julio Narváez, padre de Édgar Narváez Muñoz

Édgar Narváez, estudiante politécnico de la carrera de Mecatrónica, siempre recordará aquella época en la que su padre Julio Narváez, colaborador del área de Contabilidad de la ESPOL, lo acompañaba en sus viajes en autobús hasta el curso prepolitécnico. Esto sin importar que tuviera que madrugar, mucho antes de su hora de ingreso al trabajo, solo para compartir junto a su hijo ese momento. “Me preguntaba cómo estaban las materias, lo que habíamos hecho y así compartíamos”, cuenta.

Más que un padre siempre lo consideró un amigo, con quien desde muy pequeño hizo muchas actividades, entre ellas ir al campus de la ESPOL, donde observaba a su papá trabajar con alegría.  Eso lo motivó y en esas visitas frecuentes al campus nació el amor por la robótica y se afianzó su interés en los números. De su papá, Édgar destaca el orden, la responsabilidad y puntualidad como sus más grandes enseñanzas. “Las cosas que tiene que hacer siempre las culmina, nunca dejaría algo pendiente”, asegura Édgar. Además, señala que su papá no es ingeniero, pero es “ingenioso”, ya que siempre trata de encontrar una solución si algo no funciona.  “En ese sentido, yo podría decir que soy como él”, dice con orgullo.

Como estos existen muchos casos más, en los que el ADN de la ESPOL se transmite de generación en generación y los padres, a quienes hoy celebramos, inculcan en sus hijos los valores que distinguen a los politécnicos.

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