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Jorge Espinoza y Lisseth Calle comparten su experiencia antártica

Jorge Espinoza y Lisseth Calle comparten su experiencia antártica

Jorge Espinoza, de 24 años, estudiante de Ingeniería en Geología, y Lisseth Calle, de 21, estudiante de Oceanografía, participaron por dos semanas en la expedición XXIV organizada por el Instituto Antártico Ecuatoriano, INAE, como parte del proyecto de investigación Evidencias Geológicas sobre cambios climáticos y antropización en la Isla Greenwich, dirigido por los profesores Carlos Martillo Bustamante y Miguel González Bonilla, de ESPOL. 

A su regreso, los politécnicos comparten su experiencia en la Antártida y, de paso, algunas postales de este fascinante continente.

Jorge Espinoza:

 

“Paisajes naturales que exceden la imaginación (…). La naturaleza es completamente virgen, no existen senderos ni guías y uno debe fiarse de los conocimientos propios para saber qué hacer en campo. Uno está a merced de un clima implacable que cambia súbitamente de un momento a otro”.

 

¿Cómo describes a la Antártida?

Es un territorio aislado del ambiente de ciudad, al cual estamos acostumbrados, con paisajes naturales que exceden la imaginación. No tenemos comunicación, excepto con la base Pedro Vicente Maldonado. La naturaleza es completamente virgen, no existen senderos ni guías y uno debe fiarse de los conocimientos propios para saber qué hacer en campo. Uno está a merced de un clima implacable que cambia súbitamente de un momento a otro.

Menciona cinco cosas que llamaron tu atención

1) Durante el trabajo de campo encontré un variado número de tipos de roca entre los depósitos glaciares que me hicieron cuestionar su procedencia así como también la bibliografía que había revisado acerca de la geología de la zona.

2) La noche llegaba después de las 12h00 am. Hubo que acostumbrarse a las horas de luz que se tienen en esta región.

3) El estilo de vida en la estación Pedro Vicente Maldonado es muy buena. Pensé que debido al clima los miembros de la expedición estarían constantemente luchando con las condiciones ambientales, pero la estación está totalmente equipada para albergar con todas las comodidades necesarias a los investigadores y protegerlos de la intemperie.

4) Todas las actividades que se llevan a cabo, ya sea por los miembros logísticos y los investigadores, son planificadas en un itinerario que se revisa todas las mañanas en una reunión general en la sala de la estación.

5) Las condiciones climáticas cambian rápidamente, el cielo puede estar despejado y luego de 10 minutos se llena de neblina, viento y lluvia.

 

 

¿Cómo cambió tu idea, antes de llegar y después de regresar de la Antártida?

Las expediciones se llevan a cabo en la época más caliente del año, yo esperaba ver mucho más hielo; ademas, pensaba que el estilo de vida era muy difícil. Pero aprendí que existe un régimen muy organizado de vivencia, aparte de instalaciones preparadas para el clima antártico, lo que garantiza la comodidad y el buen ambiente de trabajo para los diferentes investigadores.

¿Cómo calificas esta experiencia?

Fue una experiencia completa que me deja grandes recuerdos y un paso importante en mi carrera profesional.

¿Qué te deja la Antártida?

Me deja grandes conocimientos de geología, ya que he visto cómo se relaciona el contenido de las materias que he visto en el transcurso de la carrera con lo que uno se puede encontrar en campo. También me deja buenos compañeros que hice durante el desarrollo de los trabajos.

¿Cómo fue trabajar en tu proyecto de investigación? ¿Pudiste realizar todo lo previsto?

Fue una gran experiencia conocer de cerca la geología de lo que había leído en bibliografía durante mis ayudantías de investigación. Me transportaron a las islas aledañas a la Isla Greenwich para realizar los trabajos y tuve que caminar entre glaciares para recolectar las muestras. Lamentablemente, debido al clima no se pudo visitar todos los sitios planificados ya que la utilización del transporte dependía de las buenas condiciones climáticas y, en la mayoría de los días de la segunda semana de trabajo, estas condiciones no favorecieron usar el bote de goma para visitar otros sitios. De todas formas, los lugares más importantes fueron los primeros que exploramos. Aprovechamos el tiempo que tuvimos.

¿Cuál es el siguiente paso en tu investigación?

Esperamos recibir las muestras recolectadas en los próximos meses; estas son transportadas en contenedor una vez cerrada la estación ecuatoriana cuando finalicen las actividades de esta temporada. Hasta entonces, trabajaremos con los resultados de los análisis de las muestras de las expediciones anteriores y los de las otras ramas de la investigación que se están realizando para integrar un resultado que aporte al proyecto.

¿Por qué recomiendas esta experiencia a tus compañeros politécnicos?

Es una gran oportunidad de visitar un lugar lleno de naturaleza fuera de la influencia de la humanidad. El tipo de proyecto que se puede realizar no está restringido al medio ambiente, en la estación se desarrollaron proyectos de biología, transporte marítimo, telecomunicaciones, física, oceanografía, etc; por lo que las posibilidades son amplias y existen oportunidades para estudiantes de todas las carreras y facultades de la ESPOL.

¿Qué fue lo más duro de tu estadía allá?

Estar lejos de casa, y la falta de comunicación. La estación ecuatoriana está provista de un paquete de internet limitado y en esta ocasión lamentablemente el paquete fue consumido antes de tiempo por lo que la segunda semana de trabajo no pude comunicarme con mi familia. 

A parte de esto, el trabajo de campo por sí solo es un poco complicado ya que uno debe movilizarse en el campo utilizando los equipos de protección climática, llevando una mochila con muestras de rocas en un clima adverso.

¿Qué fue lo más increíble o asombroso?

Pude visitar la Antártida como una de las actividades del proyecto en el que participé como ayudante de investigación. Sumado a esto, tuve la oportunidad de apreciar los paisajes en estas latitudes, observar la geomorfología de un ambiente glaciar, admirar la fauna salvaje y conocer nuevas personas que están involucradas en otras áreas de la ciencia.

 

 

Lisseth Calle:

“La convivencia dentro de la estación  y en las estaciones que estuvimos de visita fue muy agradable, teniendo que acostumbrarnos a regímenes militares, ya que el personal logístico son miembros de la Armada. Esto también fue una experiencia, más que nada, de aprendizaje e integración. Además, se tiene una tradición de realizar un bautizo para las personas que llegan a la estación - y deseen hacerlo. El bautizo consiste en meterse al mar con esa temperatura extrema; personalmente, lo realicé y fue increíble, aunque con algo de miedo, pero lo pude hacer y es una experiencia más que me deja la Antártida”.
 

 

¿Cómo describes a la Antártida?

Un lugar blanco y acogedor, en donde cada día tienes la oportunidad de apreciar lo increíble que es la naturaleza y cómo nos brinda momentos únicos que probablemente no se repitan a lo largo de nuestra vida. Es un espacio natural y lleno de vida hacia donde dirijas tu mirada; el cual aún se mantiene intacto lejos de una humanidad destructora.

Menciona cinco cosas que llamaron tu atención.

1. El sonido de los glaciares al desprenderse y caer sobre el mar, además de observar el derretimiento de los glaciales que formaban algunas vertientes y en medio del mar se podían notar los pedazos de hielo que van cayendo.

2. Restos fósiles tanto animales y vegetales que no tienen ningún registro ni estudio para comprender su origen. 

3. En algunas islas se encontraron restos de basura generalmente plásticos, se desconoce la procedencia, pero se pensaba que probablemente los fuertes vientos y corrientes hayan arrastrado hasta ese lugar la basura que pudimos encontrar.

4. Poder observar la población de pingüinos y conocer las características de supervivencia que desarrollan en este hábitat tan particular y, así mismo, presenciar la depredación que existe hacia ellos.

5. El cambio drástico de las condiciones meteorológicas (nubosidad, visibilidad, temperatura, vientos, etc.), lo cual nos impedía muchas veces realizar nuestras actividades diarias.

 

 
¿Cómo cambió tu idea, antes de llegar y después de regresar de la Antártida?

Antes de llegar, probablemente no imaginábamos lo especial que sería esta estancia en la estación Pedro Vicente Maldonado; conocer un pedacito de la Antártida y tener la oportunidad de contribuir con la ciencia e investigación. 
En lo personal, pensé que sería fácil poder realizar las respectivas actividades; pero, en realidad, en ese momento te encuentras con muchos retos y dificultades por las extremas condiciones del lugar, aún así, el afán de querer obtener tus resultados te hacen buscar soluciones de manera inmediata. 
Ahora que conozco este lugar tan especial y remoto me doy cuenta que hay muchas más cosas por descubrir y estudiar y, en general, tratar de contribuir con el avance y mejora de nuestra estación ecuatoriana para que en un futuro los proyectos se desarrollen efectivamente y podamos avanzar con la ciencia y aportar a este ecosistema tan maravilloso y único.
 

 ¿Cómo calificas esta experiencia?

Para mi fue una experiencia única que me deja recuerdos, emociones y la satisfacción de haber llegado a este espacio diferente, lleno de aventuras cada día.  Una experiencia que espero volver a vivir, ya que este lugar solo te deja la nostalgia de querer regresar y encontrarte nuevamente con esos paisajes y con las personas que contribuyen para que esto sea posible para nosotros los ecuatorianos.

 
¿Qué te deja la Antártida?

Los mejores recuerdos, experiencias y retos tanto personal como profesionalmente. Haber tenido la oportunidad de interactuar con los demás investigadores en las estaciones que pudimos visitar. Me queda el entusiasmo de que podemos seguir contribuyendo para cuidar y mejorar la vida y actividades que en este lugar llamado Antártida realizan las personas.
 

¿Cómo fue trabajar en tu proyecto de investigación? ¿Pudiste realizar todo lo previsto?

Fue un desafío total poder monitorear las estaciones en el mar, debido a las extremas condiciones meteorológicas; pero siempre se trató de realizar las actividades de la mejor manera, disfrutando y aprendiendo del día a día. 
En su mayoría, se realizó todo lo previsto, hubo días en los que, por las malas condiciones, no se podía salir a trabajar en el campo; esto era un poco triste ya que interrumpía nuestras actividades, pero aún así, se trató de obtener los mejores resultados para nuestros proyectos.

 


 

¿Cuál es el siguiente paso en tu investigación?

Poder realizar los respectivos análisis de resultados y posterior difusión de la información que se pudo obtener en esta corta estancia y, en lo posible, tener la oportunidad de seguir prolongando el proyecto de investigación con el fin de contribuir con el monitoreo de las condiciones oceanográficas en la estación ecuatoriana.

¿Por qué recomiendas esta experiencia a tus compañeros politécnicos?

Se llevarán la mejor experiencia de conocer un lugar diferente y sus condiciones extremas y, lo más importante, se les presentarán retos a diario que los ayudarán a crecer tanto personalmente como en sus diferentes carreras y a desarrollar sus habilidades ingenieriles. Probablemente, se encuentren con investigadores afines a lo que estén interesados en realizar y podrán profundizar conocimientos o quizás aprender nuevas cosas y métodos; y, sobre todo, a comprender la majestuosidad de este lugar e interactuar y convivir con personas diferentes y formar una pequeña familia antártica por un corto periodo.

¿Qué fue lo más duro de tu estadía allá?

Acostumbrarme a trabajar en el mar, por cuestión de la utilización de los trajes y movilización en los botes; tener que muestrear en agua con temperaturas extremadamente bajas y vientos muy fuertes; muchas veces, perdíamos visibilidad, no se lograba ver la estación estando a pocos metros de la costa; así como estar siempre pendiente y alerta para evitar cualquier tipo de accidente. 

¿Qué fue lo más increíble o asombroso?

La mayoría de días estuvo totalmente nublado, no tuvimos mucha visibilidad. El día en que nos embarcamos para nuestro regreso, el cielo se despejó totalmente; por primera vez vimos un cielo soleado y azul y tuvimos el gran escenario ante nosotros, por fin pudimos observar el cerro Quito que se encuentra junto a la estación ecuatoriana, con todo el inmenso glaciar en sus faldas.

 

 

 


 

 

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