En la Chela Científica #39, la ESPOL reúne a expertos para dialogar sobre la prevención ante el fenómeno de El Niño

ESPOL Chela Científica El Niño
27 de agosto de 2026

La prevención frente al fenómeno de El Niño no empieza cuando llegan las lluvias. Empieza mucho antes: con información científica, infraestructura preparada, coordinación entre instituciones y comunidades conscientes de los riesgos. Esa fue una de las principales conclusiones de la Chela Científica #39, desarrollada la noche del miércoles 26 de agosto bajo el tema “El Niño: la ciencia antes de la emergencia”.

La jornada reunió cuatro perspectivas para abordar la prevención desde distintos ámbitos. Participaron María del Pilar Cornejo, profesora de la ESPOL y directora del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción de Riesgos de Desastres; Carola Gordillo, docente de la ESPOL; Alex Anchundia, gerente general de Segura EP; y Oswald Arbeláez, representante del Grupo DIFARE. Sus intervenciones permitieron conectar la ciencia climática con la infraestructura, la gestión de riesgos, la logística y la preparación de las comunidades.

ESPOL Chela Científica El Niño 2

En su intervención, la rectora de la ESPOL, Cecilia Paredes, destacó la importancia de abordar un tema que genera preocupación en la ciudadanía, y resaltó el valor de la Chela Científica como un espacio para aprender de manera cercana y participativa.

La primera autoridad de la ESPOL también destacó la presencia de representantes de distintos sectores, asegurando que el desafío inmediato es traducir el conocimiento disponible en acciones concretas. “Hay que saber qué hacer y cómo prepararnos”, culminó.

ESPOL Chela Científica El Niño 3

Uno de los principales aportes de la jornada fue explicar que El Niño puede ser pronosticado, aunque con distintos niveles de incertidumbre. María del Pilar Cornejo explicó que el monitoreo de las temperaturas del océano Pacífico, junto con otras variables atmosféricas y oceánicas, permite alimentar modelos de pronóstico. Sin embargo, estos modelos no determinan con exactitud qué ocurrirá en un día específico, sino que permiten proyectar escenarios y trabajar con rangos de incertidumbre.

La investigadora puso énfasis en la vulnerabilidad como un factor que sí puede modificarse. En su intervención explicó que la magnitud del fenómeno y la magnitud de sus impactos son dimensiones distintas. Por ello, reducir la vulnerabilidad —considerando aspectos como exposición, sensibilidad y capacidad adaptativa— constituye una de las principales vías para disminuir las consecuencias de un evento climático.

Su mensaje fue directo: “El Niño no es un desastre. Los desastres no son naturales. Los desastres son humanos”. A partir de esa premisa, sostuvo que Ecuador no puede esperar a que ocurra el fenómeno para comenzar a actuar, pues existen herramientas para anticiparse y reducir sus consecuencias.

En esa misma línea, explicó que estar preparados no significa únicamente contar con recursos para responder después de una emergencia. También implica conocer de antemano qué puede ocurrir, dónde están las vulnerabilidades y qué decisiones deben tomarse. La información, dijo, constituye una primera condición para estar preparados.

ESPOL Chela Científica El Niño 4

Desde la Ingeniería Civil, Carola Gordillo puso el foco en un aspecto que suele quedar relegado frente a la emergencia: la capacidad de la infraestructura para mantenerse operativa o recuperarse rápidamente después de un evento adverso.

La docente de la ESPOL compartió su experiencia en un proyecto de vías rurales resilientes financiado por el Banco Mundial, en el que se revisaron diseños viales y se realizaron inspecciones en territorio para determinar qué tan preparados estaban frente a inundaciones. El análisis permitió identificar que la resiliencia no depende de un único componente, sino de la interacción de distintas especialidades.

Uno de los principales hallazgos estuvo relacionado con los sistemas hidráulicos y el manejo del agua. Gordillo explicó que se encontraron diseños insuficientes y destacó que una infraestructura puede perder su capacidad de servicio si no se consideran integralmente las condiciones del territorio.

ESPOL Chela Científica El Niño 5

Para Alex Anchundia, gerente general de SEGURA EP, la preparación requiere coordinación institucional, pero también participación ciudadana. Explicó que Guayaquil trabaja mediante espacios de coordinación que reúnen a más de 40 instituciones públicas y privadas, y que se han desarrollado acciones relacionadas con infraestructura y limpieza para enfrentar la temporada lluviosa.

Uno de los componentes que destacó fue la creación de alrededor de 260 comités comunitarios de gestión de riesgos en zonas urbanas, periurbanas y rurales. Estos grupos reciben capacitación sobre evacuación, puntos de encuentro, primeros auxilios y respuesta ante eventos adversos, de manera que las propias comunidades puedan actuar durante los primeros momentos de una emergencia.

Anchundia subrayó que la gobernanza es otro elemento fundamental. “Tenemos que actuar de manera transversal”, afirmó al referirse a la necesidad de articular a los gobiernos local, provincial y nacional, junto con otros actores. El objetivo, señaló, debe ser común: proteger a las personas independientemente de cualquier diferencia institucional o política.

ESPOL Chela Científica El Niño 6

La conversación también abordó el papel del sector productivo. Oswald Arbeláez, gerente de logística de Grupo DIFARE, explicó que la preparación requiere evaluar riesgos, establecer equipos para tomar decisiones oportunas, priorizar lo que debe distribuirse, anticipar posibles interrupciones en las vías e incorporar a las comunidades en el proceso.

Su intervención evidenció que la resiliencia también tiene una dimensión económica y social: en sectores como el farmacéutico, mantener las cadenas de suministro operativas puede ser determinante para garantizar el acceso de la población a medicamentos y servicios esenciales.

Precisamente, uno de los retos identificados durante la Chela Científica fue lograr que los datos científicos puedan convertirse en información útil para quienes deben tomar decisiones. Arbeláez señaló que existen diferencias entre el lenguaje de la academia y las necesidades del sector privado: mientras la ciencia puede hablar de variables y modelos, una empresa necesita saber, por ejemplo, qué vías estarán obstruidas, cómo afectará eso sus inventarios y qué decisiones debe tomar.

La respuesta, planteó, no debería ser mantener separados ambos lenguajes, sino generar espacios de trabajo conjunto que permitan transformar el conocimiento científico en herramientas prácticas para la prevención.

ESPOL Chela Científica El Niño 7

Ese enfoque resume el espíritu de la Chela Científica: acercar el conocimiento a la ciudadanía y propiciar conversaciones en las que distintas experiencias puedan encontrarse. La edición #39 permitió mirar El Niño no únicamente como un fenómeno climático, sino como un desafío que involucra a instituciones, empresas, academia y ciudadanos.

ESPOL Chela Científica El Niño 8

Al cierre, el vicerrector de I+D+i de la ESPOL, Carlos Monsalve, agradeció a los cuatro speakers y a quienes hicieron posible la realización de la edición 39. Además, anunció dos próximas iniciativas abiertas a la ciudadanía: El Niño 360, que se desarrollará el 10 de septiembre en el Hilton Colón con una mirada más profunda y orientada al sector productivo; y la Ruta de la Innovación, prevista para el 5 de septiembre, desde las 09:00, con actividades de ciencia, arte e innovación en el centro de Guayaquil.

ESPOL Chela Científica El Niño 9

Con espacios como la Chela Científica, la ESPOL fortalece una forma de divulgación que busca que el conocimiento salga de las aulas y laboratorios para encontrarse con la ciudadanía. En esta edición, hablar de El Niño significó, sobre todo, recordar que informarse, comprender los riesgos y actuar antes de la emergencia también es una forma de prevención.