La profesora de la ESPOL, Andrea Orellana, fue reconocida con el Premio Regional L’Oréal–UNESCO For Women in Science 2026, que distingue la trayectoria de mujeres investigadoras y apoya proyectos científicos con potencial de impacto.
Andrea fue seleccionada entre 92 postulaciones, como parte de un proceso muy competitivo que involucró a más de 140 evaluadores especializados. Ella fue elegida como la representante ganadora de Ecuador en la edición 2026, que también reconoció a una investigadora de Colombia y otra de Perú. Cada una recibió un premio de USD 10.000 como apoyo para impulsar su investigación.
Detrás de este reconocimiento hay años de investigación y una gran historia de crecimiento personal en la que Andrea, una mujer profesional y madre de cuatro hijos, decidió que era momento de dar un nuevo paso en su carrera científica.
PROYECTO ENFOCADO EN LA ONCOLOGÍA
Desde la Facultad de Ciencias de la Vida (FCV) de la ESPOL, Andrea Orellana desarrolla investigaciones en farmacología molecular aplicada y biomarcadores. Su proyecto premiado se titula ‘Marcas Farmacoepigenómicas Integradoras como Determinantes Predictivos de la Respuesta Terapéutica en Linfomas de Células B: Hacia una Oncología de Precisión en Poblaciones Latinoamericanas Subrepresentadas’.
La pregunta que intenta responder con su investigación es muy concreta: ¿por qué algunos pacientes con linfoma responden bien al tratamiento y otros desarrollan resistencia o recaen, aun cuando reciben esquemas terapéuticos similares?
Los linfomas de células B son cánceres que se originan en los linfocitos B, células que normalmente forman parte del sistema inmunitario. La investigación de Andrea estudia las marcas epigenéticas, en particular los patrones de metilación del ADN. Estas marcas actúan como mecanismos de regulación que pueden modificar la forma en que se expresan los genes sin alterar la secuencia del ADN.
El proyecto propone seguir longitudinalmente a pacientes con linfoma difuso de células B grandes y analizar cómo varían dichas señales epigenéticas antes, durante y después del tratamiento, integrándolas con la información clínica.
Su trabajo se enfoca en la búsqueda de evidencia que permita identificar patrones asociados a la respuesta, la resistencia o el riesgo de recaída y, a partir de ello, avanzar hacia modelos predictivos más robustos. A largo plazo, este tipo de conocimiento puede contribuir a una oncología en la que las decisiones sean cada vez menos generalizadas y más adaptadas a las características biológicas de cada paciente.

UNA HISTORIA DE CRECIMIENTO PERSONAL
Actualmente, Andrea es coordinadora del área de Bioproductos y Bioprocesos del CIBE-ESPOL, directora del Laboratorio de Farmacología Molecular Aplicada en la FCV, y coordinadora de REMCI nodo ESPOL.
En el 2024, estuvo embarazada de sus mellizos y en el 2026 decidió postular al premio que había considerado durante varias convocatorias. “Comprendí que siempre podía encontrar una razón para esperar, pero también podía decidir avanzar”, dijo.
Ella afirma que la maternidad ha transformado su manera de trabajar y liderar, fortaleciendo su capacidad de organización, empatía y resiliencia. En ese recorrido reconoce el apoyo de su familia como uno de los pilares más importantes en su vida, especialmente el de su esposo, Davide Di Grumo, sus padres y hermanos.
Su trayectoria también refleja el valor de construir ciencia acompañada. Andrea destaca el importante rol que han tenido sus estudiantes, técnicos, profesores y colaboradores, así como las condiciones que la ESPOL le ha brindado para sostener la investigación y su desarrollo profesional. Menciona, además, la presencia de otras mujeres en posiciones de liderazgo dentro de la ESPOL y espacios como el Centro de Desarrollo Infantil Baby ESPOL, que contribuyen a compatibilizar la maternidad con las responsabilidades laborales.
“La investigación nunca es el trabajo de una sola persona. Aunque el premio lleve el nombre de una investigadora, detrás hay estudiantes que trabajan constantemente, técnicos de investigación que sostienen procesos esenciales, profesoras y profesores que aportan desde diferentes disciplinas, colaboradores de otras instituciones y equipos que hacen posible que una línea de investigación continúe funcionando”, señala.
Y a las niñas y jóvenes que sueñan con dedicarse a la investigación, Andrea les deja un mensaje que también refleja lo aprendido en su propio camino: “Prepárense, hagan preguntas, confíen en su capacidad de aprender y dense la oportunidad de intentarlo. La ciencia también necesita su manera de mirar el mundo”.