¿Qué tienen en común el hielo antártico y el futuro de nuestros alimentos?
Publicado el 29/05/26
Autores:
Jeffrey David Vargas Perez - Analista de laboratorio de investigación 3
Nardy Diez - Docente-Investigador
Figura 1. Zonas de recolección de muestras de suelo en la Isla Rey Jorge, Antártida
El sorprendente potencial de los microorganismos del fin del mundo para combatir enfermedades emergentes
¿Te imaginas que una solución para uno de los problemas más graves de la agricultura moderna esté escondida en los suelos helados de la Antártida? Aunque parezca ciencia ficción, desde la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) y con el apoyo del Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada del Ecuador (INOCAR), se han desarrollado investigaciones que muestran que microorganismos que viven en uno de los lugares más fríos del planeta pueden convertirse en aliados poderosos para proteger cultivos importantes como el banano — y quizá muchos otros alimentos — frente a amenazas que ya están afectando la producción agrícola en el mundo.
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Zonas de recolección de muestras de suelo en la Isla Rey Jorge, Antártida
Un enemigo silencioso que afecta al banano
El banano es una de las frutas más consumidas y exportadas globalmente, sin embargo, existe un hongo llamado Fusarium oxysporum f. sp. cubense que causa una enfermedad conocida como marchitez del banano. Este hongo invade las raíces y el sistema interno de la planta, haciéndola marchitar lentamente hasta morir. Lo más preocupante es que puede permanecer en el suelo durante años y volver a atacar cada nuevo cultivo. En Ecuador, uno de los principales exportadores del mundo, esta enfermedad representa una amenaza directa para la economía y el sustento de miles de familias.
Entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué relación puede tener esto con la Antártida?
Microbios del frío que podrían marcar la diferencia
Como parte de nuestro trabajo en la ESPOL, decidimos explorar suelos antárticos en busca de microorganismos capaces de producir sustancias naturales con actividad antifúngica, es decir, compuestos que puedan frenar o detener el crecimiento de hongos dañinos.
En términos sencillos, lo que hicimos fue aislar diferentes bacterias del suelo antártico, cultivarlas en el laboratorio y luego evaluar si los compuestos que producían podían impedir que el hongo del banano creciera. Para ello, pusimos en contacto estas sustancias naturales con el hongo en condiciones controladas y observamos si su crecimiento disminuía. Varias de estas bacterias demostraron tener un efecto inhibidor claro, lo que indica que producen biomoléculas con potencial para convertirse en futuras herramientas de control biológico
Dos de ellas destacaron especialmente:
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Una perteneciente al grupo Streptomyces, similar a Streptomyces polyrhachis (K6).
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Otra relacionada con Streptomyces fildesensis (E7).
Estas bacterias producen sustancias naturales que lograron impedir que el hongo dañino creciera. Esto abre una puerta esperanzadora para desarrollar nuevas formas de proteger los cultivos sin depender únicamente de productos químicos tradicionales.
Nuestro estudio fue publicado en la revista Biotechnology Reports y posteriormente destacado por medios científicos internacionales como EurekAlert! y Polar Journal, que resaltaron cómo la investigación en zonas extremas puede ofrecer respuestas a problemas globales.
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Microorganismos Antárticos con capacidad de producir compuestos antifúngicos.
¿Por qué los microorganismos antárticos son especiales?
Las condiciones de vida en la Antártida son extremas: frío intenso, variaciones de luz y pocos nutrientes. Para sobrevivir allí, los microorganismos han desarrollado mecanismos únicos. Esa capacidad de adaptación significa que pueden producir sustancias diferentes a las que encontramos en ambientes más comunes, como el suelo de una granja o un jardín. Y precisamente en esas diferencias podría estar la clave para enfrentar enfermedades emergentes.
Figura 2. Microorganismos Antárticos con capacidad de producir compuestos antifúngicos.
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Bioprospección en zonas con alta actividad biológica en la Antártica.
¿Qué significa esto para el futuro?
Aunque todavía faltan pasos para llevar estos descubrimientos desde el laboratorio hasta aplicaciones prácticas en el campo, las posibilidades son prometedoras:
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Reducir el uso de fungicidas químicos.
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Desarrollar soluciones más naturales y sostenibles.
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Ampliar nuestra capacidad para enfrentar nuevas enfermedades que afectan cultivos en un contexto de cambio climático.
Más allá de los resultados científicos, esta experiencia confirma algo que como investigador siempre me inspira: a veces las respuestas a problemas complejos no están en lo evidente — pueden estar donde menos lo esperamos.
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El extracto del microorganismo se difunde en el medio de cultivo y limita el crecimiento del hongo, que queda concentrado en el centro. En el control (C), el hongo crece libremente sin ninguna restricción.
De la Antártida a tu mesa
La ciencia no tiene fronteras. Lo que investigamos en un suelo helado del sur del planeta puede convertirse mañana en una herramienta para proteger los alimentos que llegan a nuestras mesas. Desde la ESPOL seguimos apostando por explorar, descubrir y transformar conocimiento en soluciones reales. Porque incluso en el frío extremo, la naturaleza guarda respuestas que pueden ayudarnos a construir un futuro más sostenible.
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La Antártida esconde una serie de microorganismos con propiedades únicas.
Figura 3. La Antártida esconde una serie de microorganismos con propiedades únicas.
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